El verano en el que el cambio climático se convirtió en una realidad infernal para los europeos
A lo largo de muchas generaciones, el verano en Europa fue sinónimo de ligereza, descanso y días soleados. Pero en este 2026, la brutal realidad del cambio climático echó por tierra esta imagen, a golpe de calores extremos e incendios gigantescos.
"Ya no puedo más. Es una canícula tras otra; cada vez crees que se terminó, pero regresa" el calor extremo, decía el 11 de agosto Ayse Gurbuz, una estudiante de 25 años residente en la ciudad francesa de Lyon.
De mediados de junio a mediados de agosto, los balances de los distintos países europeos suman en total más de 32.000 muertes adicionales por el calor.
- Un duro recordatorio -
Desde finales de mayo se han sucedido a lo largo y ancho del continente las olas de calor, con temperaturas a menudo cercanas o superiores a los 40 °C. "Un recordatorio brutal de las consecuencias en espiral de la crisis climática, tanto humanas como económicas", advertía ya el 27 de mayo Simon Stiell, el jefe de ONU Clima.
Las temperaturas han alcanzado niveles excepcionales en todo el continente: 45,1°C en Andújar (España) el 22 de junio, 48,4°C en Orani (Cerdeña) el 19 de julio, 42,2°C en Eslovaquia y 37°C en Dinamarca, plusmarcas absolutas. A 19 de agosto, cuando el verano aún no ha terminado, Francia ya había experimentado 52 días con olas de calor desde mediados de junio.
Junio y julio fueron los más calurosos jamás registrados en Europa, aunque para Jean Jouzel, era de esperar: "Lo que estamos experimentando es lo que nuestra comunidad (científica) ha estado considerando durante unos treinta años", dijo el climatólogo y exvicepresidente del grupo científico del IPCC a AFP.
El 21 de junio, primer día del verano, marcó el rumbo de la temporada: el País Vasco y ocho ciudades italianas pasaban a alerta roja por la ola de calor.
Al mismo tiempo, varios municipios franceses cancelaban festivales, retransmisiones de la Copa del Mundo, e incluso las escuelas cerraron y los aires acondicionados y ventiladores se agotaron en los comercios.
- Una sensación de apocalipsis -
"Sentí una sensación de apocalipsis este verano", confiesa Cyril Chedeville, de 59 años, residente en Burdeos (suroeste de Francia) y "paralizado" por los desastres climáticos constantes.
Esa sensación se explica por el hecho de que al calor se le añadieron sequías e incendios.
Del sur de Europa a las regiones más septentrionales, sólo hasta el 12 de agosto los incendios ya habían devorado cerca de 600.000 hectáreas y arruinaron las vacaciones de miles de personas.
En Francia, un megaincendio arrasó 42.000 hectáreas en el departamento de Gironda (sudoeste) a mediados de julio, destruyendo una parte de la ciudad de Le Porge. Apenas unos días antes, enormes zonas del bosque de Fontainebleau, al sur de París, quedaron convertidas en cenizas.
En España, un incendio en la provincia castellana de Ávila arrasó cerca de 50.000 hectáreas, por lo que se considera el peor fuego en la historia reciente del país. Otro, en la provincia andaluza de Huelva, devastó 33.000 hectáreas y un tercero en la provincia de Guadalajara hizo lo suyo con 32.000 hectáreas.
El norte de Europa no se salvó. El mítico Arthur's Seat, en Escocia, también se vio en llamas.
- "Todo se secó de repente" -
Los paisajes verdes se transformaron en horizontes desolados al menos en la mitad del continente a finales de julio. En Francia, Suiza, Austria y Eslovenia, la humedad del suelo cayó a niveles históricamente bajos.
"Todo se secó de repente (...) las únicas plantas que crecieron fueron la acedera y el cardo", relata John Pawsey, agricultor británico de 62 años, frente a sus campos de quinoa quemados por el sol.
Grandes ríos como el Rin, el Loira y el Támesis vieron disminuir su caudal, con algunos tramos reducidos a un estrecho hilo.
Rumanía, Bulgaria y Hungría tuvieron que cerrar o recortar la actividad de las centrales nucleares porque el Danubio estaba demasiado bajo para proporcionar refrigeración.
Francia y Suiza también redujeron su producción nuclear debido a las altas temperaturas de los ríos o a los bajos niveles de agua. Y en Alemania, el Rin ha caído tanto que los puertos fluviales tuvieron que cerrar, causando todo un caos logístico.
Los acuíferos empezaron a bajar en Francia, en el Piamonte italiano y en España, obligando a varios municipios a ser abastecidos de agua potable.
En los campos también, el agua escasea, lo que afecta los rendimientos de maíz y girasol y adelanta las vendimias y cosechas. Para los animales, el calor también ha sido mortal en ocasiones.
Incluso en el mar, el termómetro se disparó. En julio, el Mediterráneo registró su temperatura media de superficie más alta jamás medida en este mes, con 27,07°C.
林-L.Lín--THT-士蔑報