

El brillante destino de un refugiado afgano convertido en empresario en Alemania
Rostam Nazari creció sin saber leer ni escribir y sin electricidad en Afganistán. Pero, escribió dos libros en alemán y fundó una empresa de paneles solares en Lohra, una pequeña ciudad cerca de Marburgo, en Alemania.
Nazari, con una barba corta y con anteojos redondos de metal, observa subido en un andamio a tres de sus empleados instalar paneles fotovoltaicos en el tejado de una escuela, diez años después de su llegada a Alemania en la gran ola migratoria de 2015.
"Viví sin electricidad durante siete años. Quería entender por qué todo el mundo aquí tenía electricidad y no en Afganistán", explica.
A los 25 años, Nazari, es el director técnico de SolarBau24, una empresa de instalación de paneles solares que cofundó en 2023, junto con su amigo David Szielenski.
Nazari llegó a Alemania a los 15 años tras cruzar el mar Egeo en una embarcación inflable y atravesar los Balcanes a pie. Sus padres permanecieron en Turquía. "Lo que soporté es indescriptible", dice sin entrar en detalles.
Él y su hermano Sohrab fueron acogidos en un centro para menores no acompañados en Alemania, un país que acogería en total a cerca de un millón de migrantes.
Entonces, siendo analfabeto, comenzó clases intensivas de alemán y tres años después publicó en este idioma "El viaje de Rostam", un libro seguido por una compilación de recetas de cocina afgana.
- "Motivado y disciplinado" -
Con "todo lo que viví me dije que tenía una oportunidad y debía aprovecharla. Luego me mantuve motivado y disciplinado", explica, consciente de haberlo logrado también gracias a los "numerosos apoyos" encontrados en Marburgo.
Sin ellos, hubiésemos terminado "perdidos como muchos otros" frente a la burocracia alemana, un obstáculo "difícil, tedioso e insoportable", describe.
Una educadora en su centro, le encontró un editor para su libro, es una de las personas que lo ayudaron.
Después, un padrino adoptivo le dio un nuevo impulso cuando decidió comenzar estudios de electricidad, acompañándolo "durante tres años y medio, dos veces por semana, dos horas cada vez. Y gratis", recuerda Nazari.
Szielenski, hijo de la mujer que trabajaba en el refugio, le propuso asociarse en el sector fotovoltaico, esta energía poco contaminante que también puede "generar dinero".
Su empresa cuenta hoy con 32 empleados, incluidos trabajadores iraníes, rusos, turcos y somalíes.
La compañía ofrece horarios flexibles, días libres para las festividades musulmanas, comidas compartidas y se adapta a los títulos académicos de los empleados, algo poco común en un país conocido por su rigidez administrativa.
La empresa se distingue por su enfoque multicultural, especialmente atractivo para los inmigrantes recientes.
"En general la gente no nos envía ni currículum ni carta de motivación", resume Szielenski, de 33 años, para quien "la motivación y la actitud de los candidatos" prevalecen sobre "las cualificaciones".
Hadi Gazerani, un empleado iraní de 40 años, explica en farsi que "eligió" esta empresa porque "ofrece más oportunidades a inmigrantes" como él para "mostrar lo que vale".
El nuevo canciller alemán, el conservador Friedrich Merz, hizo del endurecimiento de la política migratoria una prioridad para frenar el avance de la extrema derecha.
Sin embargo, el país, en la falta de trabajadores en muchos sectores, "necesita a los migrantes y debería simplificar las cosas para que la gente se sienta en casa aquí. Es bueno para los impuestos, la sociedad y la economía", subraya Nazari.
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