Festival de San Sebastián homenajea a Werner Herzog, el cineasta de los extremos
El Festival de Cine de San Sebastián reconoce este viernes con el Premio Donostia la extensa trayectoria del alemán Werner Herzog, cineasta de los extremos que recorrió el planeta en busca de imágenes inéditas y de una "verdad profunda".
Entregándole su máxima distinción honorífica, el Festival rinde homenaje a sus más de seis décadas de carrera, con más de 70 filmes centrados en temas como la obsesión, las situaciones extremas y las contradicciones de la naturaleza humana.
Figura destacada del nuevo cine alemán junto a Volker Schlöndorff y Wim Wenders, sus películas se caracterizan por personajes, a menudo soñadores, que se enfrentan a desafíos como la soledad y profundos anhelos.
Es el caso del activista ecologista Timothy Treadwell, que murió a manos de los osos a los que quería proteger en Alaska y cuya historia contó Herzog en su documental "Grizzly man" (2005).
Además, ha sido director de escena de óperas en Bayreuth y La Scala de Milán, entre otros, y ha actuado en películas como "Jack Reacher" o la serie "The Mandalorian".
Su infatigable ímpetu lo llevó a rodar en lugares tan recónditos como la selva peruana ("Aguirre, la cólera de Dios", 1972), volcanes ("La Soufrière", 1977), los desiertos australianos ("Donde sueñan las verdes hormigas", 1984), el Himalaya ("Gasherbrum, la montaña radiante", 1984), la Antártida ("Encuentros en el fin del mundo", nominado en los Oscar en 2007) o la selva de Angola ("Ghost elephants", 2025).
Este viernes, recibirá el premio Donostia de manos del actor Orlando Bloom, que participa en su última cinta, "Bucking Fastard", que se proyectará en esta 74ª edición del certamen.
En ella, cuenta la historia de dos personas que tratan de hacerse un hueco en una sociedad que deja poco espacio a los que son diferentes: las hermanas Jean y Joan Holbrooke.
Interpretadas por las hermanas Rooney y Kate Mara, se visten igual, se mueven de forma idéntica, hablan al unísono e incluso se enamoran del mismo hombre (Orlando Bloom).
- "Un buen soldado del cine" -
El año pasado, el excéntrico director de 84 años fue distinguido en la Mostra de Venecia con el León de Oro a la trayectoria, y este año regresó al Lido para competir con "Bucking Fastard".
"Yo quería ser un buen soldado del cine, y eso significa perseverancia, lealtad, valentía y sentido del deber", dijo Herzog cuando recibió el León de Oro, asegurando que siempre trabajó para poder llevar a la pantalla "algo trascendental".
Kristina Jaspers, comisaria en la cineteca alemana Deutsche Kinemathek, dijo a la AFP que "estos premios honran una obra que está lejos de haber concluido".
"Herzog sigue extraordinariamente activo, y hasta sus producciones más recientes continúan reflejando su extraordinaria curiosidad y su deseo de explorar nuevos temas y nuevas formas", agregó Jaspers, quien destacó el "orgullo" que supone para la Deutsche Kinemathek albergar la colección del cineasta.
A menudo, sus historias se enfocan en los marginados, como "El país del silencio y la oscuridad" (1971), sobre una mujer sorda y ciega.
O "El enigma Kaspar Hauser", en el que retrató a un analfabeto que apenas sabía hablar al que conoció en Núremberg y que le valió el Gran Premio de Cannes en 1975.
- En busca de una "verdad profunda" -
En sus filmes, sobre todo en los documentales, Werner Herzog crea imágenes para llegar a una verdad más profunda, tomándose a veces libertades respecto a los hechos, lo que se ha denominado "verdad extática".
"Este concepto de 'verdad extática' significa mostrar algo que es invisible. Y [...] algo puro, emociones profundas o algo metafísico" para "hacer visible algo que no es visible, poniendo cosas en escena", explicó Kristina Jaspers.
El propio Herzog alude a este método en su documental "Nómada: Tras los pasos de Bruce Chatwin", en el que sigue los pasos del escritor británico.
"Bruce modificaba hechos pero de una manera que hacía que se parecieran más a la realidad", comenta Herzog, comparando el trabajo de Chatwin con el suyo.
El director se ha vuelto una inspiración para muchos jóvenes cineastas, señala la Deutsche Kinemathek, que enfatiza que Herzog "no es un monolito", sino "un defensor activo de una nueva generación de artistas y directores".
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