Los pueblos costeros españoles prueban nuevas recetas para salvar sus playas
Cada invierno, los temporales borran tramos enteros de la costa española, que se reconstruyen a toda prisa con más arena y cemento antes de la llegada del turismo. Un círculo vicioso ante el que municipios como Calafell, en Tarragona, empiezan a rebelarse y probar alternativas.
Al norte de Barcelona, la situación es especialmente crítica en el histórico tramo ferroviario Barcelona-Mataró, donde las vías discurren pegadas al mar y el espacio entre los trenes y las olas se reduce cada invierno. En Montgat, la playa prácticamente ha desaparecido y los temporales dejan al descubierto rocas antes enterradas bajo arenales anchos y largos.
En ese pequeño trozo de arena que sobrevive, Bruno Cambre, 37 años, pesca casi a diario con dos amigos.
"El mar se ha comido todo lo que es la arena, y ha erosionado las piedras. Ha hecho mucho daño, no solo aquí, también en toda la costa", cuenta a la AFP.
"Hace cuatro o cinco años ibas a estas playas y la arena llegaba muy lejos, 500 o 700 metros. Ahora no quedan más de 20", lamenta. También teme por las casitas de pescadores a sus espaldas, "que van a desaparecer, con el tiempo van a desaparecer".
- Entre mar y hormigón -
Al sur de Barcelona, las construcciones en primera línea son un problema.
Encajonadas entre unas aguas cada vez más fieras y crecidas, y una primera línea masificada por paseos marítimos y apartamentos, las playas españolas se acortan a ritmos alarmantes en invierno, hasta el punto de que "empezaremos a perder playas en los próximos diez años", alertó Greenpeace España en 2024 en su informe "La costa española en riesgo".
Calafell ha empezado a intentar devolver a las playas su dinámica natural para frenar la erosión.
Seguir echando en la playa toneladas de arena de otros sitios que se la llevará el invierno y reponer baldosas en el paseo marítimo para adecentar los pueblos antes del verano es una solución "muy poco eficaz y muy costosa", explica a la AFP Carla García Lozano, profesora de Geografía Física de la Universidad de Girona.
Desde hace seis años, García Lozano supervisa la regeneración de las playas de Calafell, una localidad de 30.000 habitantes que vive esencialmente del turismo.
- Devolver las playas a la naturaleza -
"Durante épocas de temporales de invierno se erosionan y durante las épocas de bonanza, las épocas que no hay tantos temporales, que suelen ser en primavera, en verano, sobre todo en verano, pues se regeneran de forma natural", pero esa "regeneración solo sucede en los espacios que son muy naturales".
Así, Calafell ha empezado a probar alternativas para que las playas vuelvan a ser esos espacios naturales: deconstruir 800 metros cuadrados del paseo marítimo, eliminar dos espigones subterráneos, poner barreras de cañas a lo largo de la playa para retener arena y crear dunas, trasladar arena donde hay de sobras a donde falta, pero siempre cercana y del mismo tipo, y usar drones para observar la evolución de los arenales.
"En una zona de 4.500 metros cuadrados, se han ganado 1.000 metros cúbicos de arena", una "cantidad significativa", enumera. "De media supone 25 centímetros, pero en algunas zonas llega a ser un metro y medio de altura".
Otros municipios costeros próximos están haciendo cosas similares y eliminando estacionamientos a pie de playa, espigones o chiringuitos.
- El paseo de Sitges es "historia" -
El concejal de Medio Ambiente de Calafell, Aron Marcos Fernández, explicó que la demolición de una parte del paseo marítimo funcionó, "porque antes el mar golpeaba el paseo y ahora hay arena", y que se está estudiando demoler otra parte.
En general, abogó por encontrar un equilibrio entre la renaturalización y los usos turísticos de la playa. "Tenemos que entender qué papel social desempeña la playa en el municipio", sostuvo.
En Sitges, una hermosa localidad también al sur de Barcelona, la apuesta es igualmente restaurar dunas y buscar soluciones naturales, pero está descartado eliminar parte de su paseo marítimo.
"Tenemos un paseo que es centenario y es un paseo donde hay muchísima actividad de la ciudadanía", explicó a la AFP la alcaldesa de Sitges, Aurora Carbonell.
"Es parte de la historia de Sitges y es parte de los ciudadanos. Entonces, nosotros retirar paseos es una acción difícil", aseguró a la AFP.
El problema es de las playas, pero también de la economía española, que sin esos casi 100 millones de turistas anuales, la mayoría de los cuales buscan sol y arena, se quedaría sin el 12,6% del PIB de España, más de 200.000 millones de euros anuales y 2,7 millones de puestos de trabajo, según el Instituto Nacional de Estadística.
王-A.Wong--THT-士蔑報